Media perdida
Resulta que. Así comienza. Tenía que ordenar la pieza, tenía que hacerlo. Era una de esas situaciones insostenibles. Algo estaba bien, tenía el teclado enchufado, pero en el medio de la habitación, en el piso, y semi enfundado. La cama estaba terriblemente deshecha y mi escritorio cumplía la función de un segundo placard. Tenía que ordenar la pieza, porque iba a venir gente a casa. Estuve un rato largo observando el caos, intentando decidir por donde empezar, pero el desorden era tal, que ya constituía un orden. Opté por poner música, que es lo único que me aliviana cualquier tipo de tarea, y tal vez me lleva a reaccionar en ciertas situaciones. Pero mientras pasaban las canciones yo seguía mirando la mesita de luz con una tremenda pila de papeles encima, o la cama con un arsenal de medias solitarias y perdidas debajo, o la alfombra en su peor estado de pulcritud (con tres perros no es broma), o las hojas sueltas de carpetas que nunca armé.
Estaba disfrutando de ese estado analítico de mi pieza, pero una canción me hizo reaccionar y volver a mi faceta emprendedora. Organicé una gigantesca agrupación de ropa, subdividida en las prendas irrecuperables (que fueron expulsadas de inmediato del recinto), y las prendas con opción de reinserción en el ambiente, que en su amasijo natural fueron depositadas libremente en el placard (en el verdadero, no en el farsante escritorio).
A todo esto, las horas pasaban, las visitas estaban por llegar, y las canciones pasaban, y toda la situación parecía tan irrecuperable. Me apuré al ver el escaso progreso. Enchufé el teclado donde correspondía, apilé las partituras al lado, junté todos los papeles y borradores y los invité a esconderse en su mueble. También descubrí material escolar nunca antes visto (será porque siempre hay terceros que sacan las fotocopias por mí), acomodé la guitarra en su soporte, y finalmente le designé una ubicación a esos objetos que se negaban a ser parte del sistema. Contemplé la habitación, ahora realmente limpia. En un principio me sentí orgullosa de haber podido realizar semejante esfuerzo, y pensé que la persona que viera mi habitación se sentiría igual, al saber que yo había realizado semejante esfuerzo sólo por su presencia. Pero poco a poco se me fue yendo el bienestar, al comenzar a pensar en el esfuerzo en sí. ¿Qué representaba más trabajo para mí: ordenar o no ordenar la pieza? Y ahí concluí que era mucho más costoso no haber ordenado, que haberlo hecho meticulosamente. Aunque el esfuerzo físico pareciera apreciable a simple vista, claro está que me hubiera resultado peor mostrar mi habitación en su esplendoroso desastre, y someterme al juicio de mi invitado. Claro está que cuesta más mostrarse cómo es uno cuando está solo, cómo mantiene el estado de las cosas, que responder a un procedimiento protocolar, a una educación social. ¿Hasta qué punto los formalismos estaban interviniendo en mi personalidad? Me pregunté si era realmente un proceder honesto, o si en verdad era una inercia del comportamiento. No sé qué hubiera resultado más halagador para mis visitas, ver el real desastre, personal y mío, o ver el orden que no es propio del tiempo del cual dispongo. Quiero que comenten con opiniones eh!
Rocío

Meneame
del.icio.us


Voy a responder a este posteo de un modo científico:
“El primer principio de la termodinámica postula que la energía total del universo se mantiene constante, no se crea ni se destruye, se transforma. Pero el segundo
principio estipula que si bien la energía se mantiene constante, está afectada de
entropía. Es decir, tiende a la degradación, a la incomunicación, al desorden. La
enunciación del principio de entropía conmocionó a una ciencia que tenía como
uno de sus principales bastiones la capacidad de predecir de manera determinista.
Y, tan pronto como se conoció la tendencia al caos, se pensó en la autoaniquilación del universo. No obstante, existen posturas científico epistemológicas optimistas, porque el caos no implica necesariamente la destrucción definitiva del sistema afectado. Del caos puede también surgir el orden. Mejor dicho, un nuevo orden”.
Aunque no lo crean este fragmento da inicio a un ensayo en el que se habla de la “pedagogía del caos”, a la que adhiero (eso explica muchas cosas, ¿no?) Hay un caos “sano”, “permitido”, un caos que favorece la creación (no lo digo yo, eh, lo dice Esther Díaz, la autora de este ensayo, sabrán de ella en el CBC) Bienvenido el caos, entonces. En cuanto al resto, yo entiendo que si alguien se preocupa por no mostrar su caos interno hay que hacer jugar la variable llamada “visitas” (también “persona” y por último, “mi invitado”): si la visita en cuestión no se banca ese caos, mejor será que visite otra habitación ( u otros caos).
Es cierto, no obstante, que la mirada ajena (procedimiento protocolar o educación social, en el posteo) interviene en el caos propio (y, a veces, hasta lo censura): recuerdo la mirada reprobadora de una señora en un tren cuando vio, para su espanto y el mío (a la vez, descubrimiento mutuo) que yo llevaba puestas medias de diferente color (yo también tenía la costumbre de dejarlas tiradas debajo de la cama) Esa mirada me persigue hasta hoy y hace que, sistemáticamente, revise si llevo puestos dos zapatos iguales, por las dudas.
Conclusión: a mí me resulta más halagador ver los alterados y caóticos universos personales, que las rigideces de ciertos órdenes establecidos desde afuera…aunque eso implique no llevar medias del mismo color.
Desordenados saludos.
Mónica | 15-10-2007 - 18:52:23 GMT -3 #
Roo!:) Tu posteo me hizo recordar un tema que me asalta bastante a
menudo...e intentaré dar una idea..cuando uno dice "no hagas esto
o lo otro porque no queda bien", lo cual es muy frecuente y encierra
desde actitudes, modos de comportarse hasta la ropa o el pelo, yo me
pregunto ¿no queda bien con quién?, ¿por qué tenemos que pensar que queda
bien y que no?, para quién estamos no siendo nosotros?, no obtante no
digo que yo no lo haga, de manera inconsciente o no. Se que hay
códigos que respetar para poder vivir en una sociedad pero no hablo de
abstenerse de romper un banco de una plaza, y contener las ganas y que
eso este mal. Hablo de cosas que a los demás no les perjudican ni le
influyen y sin embargo parecería que cada uno tiene que aparentar algo,
no sé si está demasiado claro lo que quiero decir pero es un hecho que
la frase.. "queda o no queda bien", siempre me trae como contrapartida
preguntarme un: ¿Con quién?
Beso.:)
Flor | 17-10-2007 - 19:48:06 GMT -3 #