Robo a mano larga...
Esta es la inseguridad que vivimos día a día, momento a momento en la Argentina, una inseguridad que, en algunos casos, no se tiene en cuenta hasta que sucede.
No hay cómo evitarlo, uno son a mano larga, o mejor dicho, a mano armada. Uno no sabe si camina o se sienta al lado de la persona que justo en ese momento le puede estar metiendo la mano en la cartera, o en donde quiera que sea.
Sin ir más lejos, les voy a contar una experiencia que tuve el pasado sábado 28/7, un día muy soleado y un poco fresco. Aprovechando el tiempo, arreglamos con una amiga para ir a tomar unos matecitos y comer (como de costumbre) a los famosos “bosques de Palermo”. Nos encontramos y emprendimos nuestro viaje hacia nuestro destino, ya subidas al (desde ese día) no tan querido colectivo 55, comenzamos el trayecto. Entretenidas con charlas extensas y actualización de chismes, se nos pasó una hora y media de viaje, ya era hora de bajar. Fuimos las primeras en pararnos, nos acercamos a la puerta, tocamos el timbre, y finalmente bajamos. ¿Qué loco, no? Bajarnos como si nada hubiese pasado, sin haber imaginado que la persona que se encontraba atrás mío, estaba tomando cosas que no le pertenecían, o como dirían en nuestro colegio “se estaban apropiando de lo ajeno”. Pero eso yo no lo había advertido sino hasta cuando pusimos en marcha el picnic (después de haber caminado por el rosedal, y haber elegido la puesta de sol más atractiva) y yo me dispuse a sacar el termo, la azucarera, y la yerbera. Pero qué irónica fue la casualidad de que se me volcó un poco de azúcar en la mochila, y se me ocurre ponerla boca abajo para sacudirla, pero para mi sorpresa nada (excepto un poco de el azúcar que había caído) salió de la mochila. Fue en ese preciso momento cuando me di cuenta que me faltaba la billetera, y dicho sea de paso también el celular, ese celular que cuidaba como a mí misma, que me había costado tanto que mi mamá me comprara, y que tantas peleas soportó. Ese mismo celular, mi querido celular, YA NO ESTABA. Tuvimos que levantar todo y emprender rápidamente el camino hacia casa, no pudimos disfrutar nada, ni la vista panorámica, ya que se había llenado de furia por una chica indignada que reclamaba justicia. Ya subidas al colectivo, estuvimos analizando todas las posibilidades y estrategias que mi querido amigo “mano larga” (linda forma de llamarlo, ¿no?) emprendió para sacarme todas mis cosas de valor.
No es por ser materialista, sino que hay personas que les cuesta tener cosas y viene otro y te les saca sin reparo. Da mucha impotencia que suceda esto. Pero lo que es aún más indignante es que lo que me quedaría es ¿agradecerle? Que no me haya pasado nada. Evidentemente hay que aprender a lidiar con estas situaciones y no ser ajeno a que nos puede pasar a cualquiera de nosotros, lamentablemente esta es la Argentina en la que vivimos.
Naimid Carballo

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jaja! que lindo dia pasamos tomando mate en el rosedal!! ayy por Dios, nos levantamos un segudno para bajar.. fue rapido el guacho! y bueno pero tuvimos 3 horitas de colectivo y la pasamos bien igual.. me causo mucha gracia como reprodusiste la situacion, fue feo ese dia, pero como te dije tenemos una nueva anegdota para contar!
besote naichi.. ahh y el finde nos vamos a palermo ahora que tenes otro celu:)
Maria | 09-08-2007 - 21:12:57 GMT -3 #