"La insoportable levedad del dudar"
Una vez más me siento a escribir utilizando la poderosa técnica de la “improvisación”, porque realmente siento que todos los temas de los que quería postear están agotados. Sin embargo, hay uno que si bien esta “quemado” porque es muy recurrente, da mucho para hablar y merece un posteo más. Estuve recorriendo el blog y me di cuenta de que en todos nosotros esta despertando ese “miedo”, esa “desesperación” o “desconcierto” al ¡¿qué pasará?! ahora que sólo nos falta un año y medio (eterno, y que sin embargo se pasa volando) para terminar la secundaria. Esta secundaria que año a año se llena de anécdotas y recuerdos imborrables, y que a medida que vamos creciendo éstos se acrecientan con nosotros, cuando nos damos cuenta que ya no somos esos “nenes” y que cada vez somos más capaces de tomar decisiones o ponernos de acuerdo en conjunto para realizar un proyecto, o protestar por una prueba, trabajo o profesora (obviamente no voy a dar nombres, no voy a alimentar la curiosidad de ciertas personas que visitan el blog en busca de ¿información?). Volviendo al tema, yo personalmente sigo admirada por la realización del día de la primavera, esa participación unida que tuvimos, y que se volvió a repetir con el proyecto de Bolivia (por supuesto, y creo que no hace falta la aclaración, que lamentablemente no se repite en todos este compromiso y dedicación, pero realmente el desinterés afecta a una gran minoría: los/as que se creen ser “grandes” o “demasiados chicos” e “irresponsables” para comprometerse con algo) quizás éstos mismos, de alguna manera e inconscientemente, se niegan a crecer. En realidad es algo muy relativo, ya que a mi me gusta participar y comprometerme con los proyectos, pongo todos mis nervios perfeccionistas en el desarrollo y realización de los mismos, pero sin embargo NO QUIERO CRECER, lo admito. Es terrible esa “negación fóbica” que tengo a medida que pasa el tiempo y pienso, medito si no me pierdo de nada, si estoy viviendo todo lo que tengo que vivir de la forma en que debo hacerlo. No se imaginan lo estresante que es ser así, pensar todo el tiempo en que si estoy aprovechando a cada minuto las etapas de la vida. A veces me pregunto si soy sólo yo la que piensa así, si estoy tan loca (como pensaba que estaba) para ser la única que me preocupo por este tipo de cosas. Después caigo en la cuenta de que no es tan terrible, es más, que por pensar en esas cosas
me pierdo de vivir el momento y nunca hago lo que realmente quiero. Lo cierto es que, de tanto pensar, empiezo a dudar (y eso, créanme, sí que es desesperante) porque nunca tomas una decisión 100% segura, y lo que es peor, vivís llena de inseguridades que no te llenan, al contrario, te vacían. Muchas personas les pueden echar la culpa de estas cosas a los padres, pero en mi caso es todo lo contrario, mis papas son los típicos animadores que alientan a sus hijos a realizar sus proyectos, a conseguir sus sueños, y le transmiten seguridad en sí mismos, (aunque tendría que admitir que mi mamá, en cuestiones relacionadas personalmente con ella, es un poco insegura). Pero hablando sinceramente: ¿quién no es inseguro en el momento de tomar una decisión?, es algo normal (creo), lo anormal es el exceso que yo le pongo. Como mi situación psíquica y el hecho de que llegué a no saber elegir qué color de remera me gustaba más, tomé la sabia decisión de no preocuparme por esas cosas y vivir el momento, o por lo menos intentarlo. Me propuse vivir a full esta etapa que estoy viviendo, y lo que me queda del querido secundario. Ya no dejo espacios en mi cabeza para cierto tipo de dudas, me concentro en disfrutar más de las cosas. ¿Lo voy a lograr? No lo sé, pero seguro que vale la pena intentarlo, y sino lo charlaré con mi futuro psicoanalista (que mal no me vendría, por cierto…).
María Luciana Donatelli

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